Guillermo Torres, fotógrafo ecológico y rockero.

Ibiza es una isla paradisiaca del Mediterráneo de 572 km² y 150.000 habitantes que, junto a Mallorca, Menorca y Formentera, forman las Islas Baleares.

Eivissa proviene del griego y significa Isla de Pinos. Históricamente, su pureza natural, playas vírgenes y placidez insular han atraído a millones de inmigrantes de todo el mundo. Hasta que fiesta y la diversión se convirtieron en la base de la isla.

Sin embargo, Ibiza todavía conserva anécdotas antiguas y personajes nativos mucho más valiosos que una noche de verano ibicenco. Uno de ellos es el fotógrafo de National Geographic, Guillermo Torres, testigo del del boom hippies de los 70 y protagonista de la crónica de hoy.

La historia de Ibiza comienza hace más de 2000 años. Los fenicios fueron los primeros en llegar. Tras la ocupación bizantina, las islas Baleares cayeron en una etapa de anarquía hasta que los árabes las tomaron en el 902 y se asentaron en la parte antigua bajo el nombre de Dalt Vila (“Ciudad Alta”), capital actual de la ciudad. Luego desembarcaron los vikingos, cartagineses, romanos y, por último, los españoles.

Ya en #Ibiza para entrevistar a Guillermo Ferrer, fotógrafo de @natgeo y dueño de EcoShop y cubrir @IbizaRocks.

Un vídeo publicado por Victoria Agulla Tagle 📸 (@vitussss) el 14 de Sep de 2016 a la(s) 3:13 PDT

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Recién en 1782, el rey Carlos III otorga a Ibiza el título de ciudad, pero los ibicencos, con su espíritu fuerte y negociante, y las salinas de sus playas, comenzaron con el comercio de la sal.

Hace unos 400 años, la familia Torres llegó a la isla. Su abuelo tenía 17 hermanos, cuando cumplió 11 años le dijeron que ya era mayor y que debía irse, así que partió Córdoba pero no de España, sino de Argentina. En Ibiza quedó su casa de estilo árabe la cual fue considerada como Patrimonio Nacional de la UNESCO.

Luego la energía ibicenca lo volvió a cautivar, para formar dejar su descendencia familiar, Catalina fue la mayor de esta camada que, luego, tuvo 2 hijos, y entre ellos se encontraba Guillermo Torres.

Cuando Guillermo nació las calles eran de tierra y las pocas familias de la isla se movían a caballo por el bosque autóctono. Creció jugando en la playa con sus vecinos, subiendo a los árboles y disfrutando de la naturaleza balear.

“Nosotros somos payeses, la diferencia entre los campesinos de aquí y los del resto del mundo es que aquí hemos sido invadidos por todo el mundo, por eso como tan cultos. Sin movernos de acá, chupamos todas las demás culturas”, comienza contando el reportero de Nat Geo.

Con 17 hectáreas, su finca es una de las más grandes de Ibiza. Como no había electricidad, construyeron un molino para traer agua. Al estar estar cerca de la ciudad, era uno de los pocos complejos que además de producir, vendía. Así, se convirtió en un lugar con mucha energía para cultivar, era un paraíso, había caballos, árboles, vegetales y frutas por todos lados, como ahora.

Entonces, la isla vivía del comercio hasta que llegó el hipismo que cambió totalmente la filosofía para incorporar el concepto universal de Vive y deja Vivir.

El movimiento hippie se conformaba de intelectuales de Estados Unidos y Europa que hartos del sistema, y, teniéndolo todo, eligen dejarlo y venirse a disfrutar Ibiza, para explotar la época dorada de los 70 donde no importaba la plata sino sólo Sex & Drugs & Rock & Roll.

#Cultura

Los #hippies en #Ibiza eran intelectuales de EstadosUnidos y Europa que hartos del sistema, eligieron dejarlo para irse a la isla. pic.twitter.com/x26VjiFUx4

— Victoria Agulla (@Vitussss) 17 October 2016

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“Me voy de marcha un lunes y volvía el miércoles de la semana siguiente. No podías irte a dormir antes del amanecer. Y como luego seguir la fiesta, te apuntabas y seguías de juerga. Pero, como yo tenía 11 años, iba de oyente a escuchar al escritor, al pintor, al músico que venía de afuera. Así me encontraba con Bob Marley, Roger Daltrey, Bob Dylan, Led Zeppelin, Roger Waters cuando recién empezaban.

A los 18 ańos se fue a estudiar Arquitectura a Valencia, terminó la carrera a las 22, se puso de novio y comenzó a trabajar con su juego constructor. Mientras, tenía como hobbie sacar fotos. Hasta que, tras un viaje a Argelia, lo llaman de una galería española para comprarme las fotos del país africano.  Después me descubre National Geographic, por tener fotos originales, quisieron contratarlo pero él quería ser libre. Lo mismo pasó con Agencia Gamma de París, que comenzaron a comprarle las fotos pero nunca en relación de dependencia.

En dos años, hizo 200 exposiciones por todo Europa, en museos de la talla del Reina Sofía, llegando a consagrarse como director de los Fotógrafos de Europa pero a él esto no le importaba, “sólo me interesaba mostrar fotos”.

Durante los 80’ vivir de las fotos tratando con los HighLevel como fotógrafo, arquitecto y organizador de fiestas. Hasta que 12 años después de vivir en la ciudad valenciana, Guillermo “estaba esperando a las 21 a los invitados para ver la luna llena salir, pero ese día justo llegó diez minutos antes y ahí se dije qué hago aquí si yo podría estar en la playa mirando la luna con una chica en Ibiza, ahí me fui”.

Cuando volvió, todo estaba muerto desértico, ya que todos los campesinos se habían ido al turismo. Ese mismo día le ofrecieron 7 millones de euros por el predio, pero él decidió “ponerlo verde”.

Pero su prioridad era la fotografía. Su auge se da en 2005 y 2006, cuando filma los documentales “Rajasthan. Tierra de Marajás”, una selección de las 50.000 fotografías que tomó durante su viaje de 22.000km por la India, durante 4 meses de 2005 y “Las Tribus del triángulo de oro” donde muestra las 70 diferentes ciudades de España recorridas en 2006.

Gracias al dinero ganado con las fotos de sus viajes, construye en 2007 EcoShop, una finca ecológica donde se comercializan vegetales, hortalizas, frutas y frutos secos.

#Periodismo

Se viene el reportaje sobre Guillermo Torres, fotógrafo de #NatGeo, dueño de la finca ecológica de #Ibiza y amigo de #BobDylan. pic.twitter.com/NUjstO1ThL

— Victoria Agulla (@Vitussss) 17 October 2016

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Con el fin de crear vida, y bajo los conceptos de “se puede crear vida con tus manos” y “compartir a cambio de nada”. Hoy, esto es un ecosistema, ya que en un lugar donde que no había nada, se logra que animales, insectos personas y plantas se complementen para sobrevivir. “Así comen muchos seres vivos escuchando blues pero sin agroquímicos.”

Su proyecto a futuro es hacer en este microclima una fundación para que todo se mantenga igual y no se pierda la conexión con la naturaleza. Ya que, en este mundo, como el mismo aventurero afirma, “cae la economía, pero el campesino se mantiene, porque en este oasis de vida, yo te ayudo a ti y tu me ayudas a mi.”

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